la violencia de genero
En estos momentos es casi innecesario avalar con datos la importancia de los problemas de violencia de género. En nuestro entorno más inmediato, en España, los acontecimientos ocurridos en los últimos años (eco de los problemas de violencia doméstica en los medios de comunicación de masas, algunas sentencias judiciales en casos de agresiones sexuales, inclusión del acoso sexual en el nuevo Código Penal y primeras sentencias al respecto, etc.) han llevado a una importante sensibilización social. Y, en estos momentos, prácticamente todos los estamentos implicados coinciden en que, una vez reconocida la importancia del problema, el paso siguiente es trabajar para erradicarlo y prevenirlo y con este objetivo se están desarrollando todo un conjunto de trabajos que tratan tanto a profundizar en las causas del problema como de buscar soluciones para éstas. En nuestra opinión, la hipótesis que aquí se ha presentado, la consideración de que las actitudes misóginas contribuyen a la génesis y mantenimiento de la violencia de género, tiene los suficientes visos de verosimilitud como para tenerla en consideración, aunque, obviamente, es necesario seguir profundizando en su análisis. Precisamente, nuestro trabajo actual (que ha dado como fruto algunas publicaciones y artículos así como un proyecto de investigación empírica en el que actualmente estamos trabajando) trata incidir en ello .En definitiva, nos parece importante remarcar que la reflexión y el posterior trabajo empírico de comprobación e intervención sobre ésta y otras posibles causas y/o factores mantenedores o agravantes de la violencia de género es una tarea importante y en la que todos/as los/as profesionales de la psicología (y no sólo quienes abordan el tratamiento de la víctima o la reinserción del agresor desde un punto de vista clínico) estamos implicados dada la presencia y repercusiones de esta variable en nuestro entorno (relaciones entre hombres y mujeres, entorno escolar, entorno laboral, ...). Para finalizar comentaremos brevemente dos ejemplos de intervenciones, dirigidas tanto al tratamiento de los agresores como a la prevención del problema, que se están llevando actualmente en España y que pueden resultar ilustrativas del trabajo futuro a realizar en este sentido. En relación a las primeras, desde hace algún tiempo en el País Vasco vienen desarrollándose una serie de trabajos sobre agresiones sexuales y violencia doméstica. Entre ellos, se ha elaborado un protocolo de atención a los agresores en casos de violencia doméstica, y partiendo de la base ya comentada de que las actitudes y creencias misóginas pueden constituir un elemento común diferenciador de los maltratadores, se han incluido en ese protocolo técnicas (como la reestructuración cognitiva o la educación sobre la igualdad entre hombres y mujeres) destinadas precisamente a la revisión de dichas creencias y actitudes (Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 1998). Por otra parte, y en relación al segundo tipo de acciones, cabría remarcar la propuesta de atención integral del Centro de Atención, Recuperación y Reinserción de Mujeres Maltratadas en el que, además de proporcionar tratamiento y apoyo a diferentes niveles (jurídico, de formación profesional, psicológico, etc.) a las mujeres víctimas de la violencia doméstica, se trabaja con los/as hijos/as con el objetivo de atender las secuelas directas del maltrato y de prevenir el aprendizaje imitativo de los roles maltratador/víctima. Obviamente, estos son sólo dos ejemplos de intervenciones posibles y, aunque por el momento limitadas en cuanto a su acción, creemos que pueden constituir indicadores interesantes de las vías de acción que podrían extenderse al resto de los problemas de violencia de género que hemos analizado en este trabajo. De todos modos nos parece necesario remarcar que, a partir del análisis realizado y para conseguir el objetivo último de eliminar la violencia de género, este tipo de intervenciones resultarían limitadas en cuanto a su acción y sería necesario realizar un trabajo más amplio que pasaría por acciones educativas en las que se revisaran los curriculums académicos en todos los niveles de la enseñanza y se incluyeran contenidos relativos no sólo al papel de hombres y mujeres (como hasta ahora) sino también a educación emocional, a estrategias de resolución de conflictos, a habilidades comunicativas y a otros aspectos que contribuyan al desarrollo de unas relaciones más igualitarias entre hombres y mujeres en las que se destierren las creencias y actitudes misóginas que, como hemos sugerido a lo largo de este trabajo, parecen hallarse en la base de lo que conocemos como violencia de género.
